Era el lánguido final del intento occidental de promover la democracia en este país del centro de Asia, un territorio sin salida al mar, con extensas zonas áridas y desérticas en el sur, y un 75 por ciento de su superficie ocupada por montañas, algunas de las cuales, en el noreste, se elevan hasta los 7.400 metros. Desde el regreso de los talibanes al poder y la instauración del II Emirato (el I Emirato había sido entre 1996 y 2004), sus más de 42 millones de habitantes viven sometidos a un régimen de terror que se ha cebado en niñas y mujeres.
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“Afganistán ostenta hoy el amargo récord de ser el único país del planeta donde las mujeres tienen prohibido cursar educación secundaria y universitaria, trabajar en la mayoría de las ONG y organismos públicos, o desplazarse sin la tutela de un acompañante masculino”, escribía este fin de semana en el HuffPost la analista española Carmen Rengel. En su informe, citaba a la activista afgana Nahid Noori: “Algunas de las políticas actuales son incluso más restrictivas que durante el primer Emirato de los años 90, imponiendo una exclusión deliberada y sistemática de la mujer de toda la esfera pública”.
En agosto de 2021, mientras negociaban con las potencias occidentales que llevaban meses retirando a sus tropas, los talibanes prometieron que, a diferencia del I Emirato, esta vez sí respetarían los derechos de las mujeres. Pero, a las pocas semanas de asumir el control, renegaron de sus compromisos. “Hoy, las mujeres tienen prohibida la entrada a numerosos lugares, entre ellos los parques y los gimnasios (…) y también tienen prohibido realizar actividades deportivas”, escribía este domingo Harri Bligh, analista de Euronews. Su rostro y su cuerpo deben permanecer cubiertos por una burka, y no pueden hablar en espacios públicos.
Por haber impuesto semejante opresión a las mujeres, los gobiernos occidentales impusieron duras sanciones económicas a Afganistán que derivaron en un severo aislamiento del país, que se mantiene hasta ahora, aunque poco a poco aparecen señales de relajamiento. En 2025, Rusia fue el primer país en reconocer oficialmente al Gobierno de Kabul. Desde entonces, el Emirato encuentra cada vez más interlocutores.
Algunas de las políticas actuales son más restrictivas que durante el primer Emirato de los años 90. Foto:AFP
Países vecinos como Uzbekistán, Kazajistán e Irán negociaron en julio con Kabul la apertura de relaciones diplomáticas y la intensificación de intercambios comerciales. Y China, pendiente siempre de copar los espacios geopolíticos que Estados Unidos abandona, ya instaló una embajada y ha firmado numerosos contratos mineros con el régimen, mientras intenta contribuir a aliviar las sanciones, gracias a que su embajada en la ONU ha asumido la redacción del informe sobre Afganistán en el Consejo de Seguridad, el Reino Unido, Alemania y otros gobiernos europeos también han abierto canales diplomáticos con Kabul.
No obstante unos cuantos intercambios diplomáticos, enfocados sobre todo en tareas humanitarias, el Gobierno francés ha mantenido una postura abiertamente crítica frente al régimen talibán. Hace pocos días, el Quai d’Orsay (ministerio de Exteriores) sostuvo en un comunicado que “los derechos y las libertades fundamentales de la población, en particular los de las mujeres y las niñas, no dejan de retroceder”, y condenó “un sistema de opresión basado en el género”.
Un ‘apartheid’ que parece no importarle a nadie
“Pero nos estamos quedando un poco solos”, le dijo a EL TIEMPO un diplomático galo en París. “Washington y Bruselas (sede de la Unión Europea), al igual que muchos otros gobiernos, analizan las posibilidades en materia minera, en especial en oro y, claro está, en las famosas tierras raras que, al parecer, abundan en Afganistán, mientras la tragedia de las afganas cae en el olvido”, agregó la fuente.
Según un informe de la Unesco, 2,4 millones de niñas están privadas de educación secundaria Foto:AFP
Francia ha apoyado al alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, el austriaco Volker Türk, en la expresión “apartheid basado en el género” para definir la represión de los talibanes a niñas y mujeres. “Lo cierto es que la tragedia de adultas y menores afganas parece no importarle a nadie”, concluyó la fuente diplomática.
Un reciente informe del Istituto per gli Studi di Politica Internazionale (ISPI), con sede en Milán, recogía declaraciones del neozelandés Richard Bennett, relator especial de Derechos Humanos de la ONU para Afganistán, que resumen bien la situación: “Los talibanes continúan atrincherando y consolidando su sistema de control de forma sistemática, aprovechando la fragmentación y la fatiga de la comunidad internacional”.
Según un descorazonador informe de la Unesco, citado por la analista Rengel en el HuffPost, 2,4 millones de niñas están privadas de educación secundaria. Son 200.000 más con respecto a 2025 y más de un millón frente a 2024. “Si el veto se mantiene, casi cuatro millones de jóvenes habrán sido excluidas del sistema escolar secundario para 2030”, concluye Rengel, un trágico retroceso para sumir a las mujeres en la ignorancia, al que se suma la expulsión, en 2022, de 100.000 jóvenes universitarias de las instituciones de educación superior.
El acceso a la atención médica básica y materna también se ha vuelto casi inalcanzable. Foto:AFP
“Esta exclusión acarreará un severo colapso estructural”, agrega Rengel, y explica: “Para 2030, el país enfrentará un déficit de más de 11.000 profesoras cualificadas, lo que impedirá la reconstrucción del sistema educativo”. A esto se suma la reducción de la fuerza laboral médica, al quedar por fuera las mujeres: “… ante la falta de médicas, la prohibición de que las afganas sean atendidas por sanitarios varones y las trabas para desplazarse sin varón, el acceso a la atención médica básica y materna se ha vuelto casi inalcanzable”, remata Rengel.
Aunque las peores violaciones de los derechos se concentran en las mujeres, algunas más se extienden al conjunto de la población.
Según Reporteros Sin Frontera, ONG de origen francés, Afganistán cayó 53 puestos en la clasificación de países por su nivel de libertad de prensa, al pasar del 122 en 2021 al 175 ahora. Por efecto de una veintena de normas para asfixiar el derecho a informar, entre ellas el castigo con azotes a los comunicadores que disientan del régimen, un tercio de los 12.000 reporteros que había en el país antes de la vuelta de los talibanes dejó la profesión. Un 43 por ciento de los medios habían cerrado a los pocos meses del inicio del II Emirato.
45 por ciento de los afganos necesitan ayuda humanitaria urgente. Foto:AFP
El tiempo, el ‘arma’ a favor del régimen
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) asegura que 14 millones de afganos enfrentan una situación de “hambre aguda”. Un reciente informe de la oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU calcula que el 45 por ciento de los afganos necesitan ayuda humanitaria urgente, mientras un 47 por ciento sufre inseguridad alimentaria. La reducción de los aportes de Estados Unidos y otros países al PMA agrava las cosas.
El programa “ha debido suspender la distribución de alimentos para prevenir la hambruna en determinadas zonas del país (…); sencillamente no tenemos financiación para continuar”, declaró a inicios de mes, en Kabul, John Aylieff, director del PMA para Afganistán.
El regreso forzado de afganos que huyeron al exterior tras la vuelta de los talibanes profundiza la crisis. Entre 5,5 y 6 millones de exiliados han sido obligados a retornar por la vía de deportaciones administrativas o amenazas físicas desde 2023, la mayoría de ellos de países vecinos como Irán (más de 3,5 millones) y Pakistán (cerca de 2 millones), así como decenas de miles de otros países cercanos como Tayikistán, y unos pocos miles de Estados Unidos y Europa. Del total de repatriados, dos tercios corresponden a mujeres y niños.
El regreso forzado de afganos que huyeron tras la vuelta de los talibanes profundiza la crisis. Foto:AFP
La ONU cree que 2,5 millones se sumarán a este retorno forzado antes de terminar el año. Entre ellos muy probablemente regresarán decenas de miles de afganos cuyo asilo en Europa fue rechazado por las autoridades.
A fines de junio, una amplia delegación de representantes del régimen de Kabul llegó a Bruselas para negociar con 15 países de la Unión Europa ese masivo retorno. Los delegados talibanes pusieron como condición el aligeramiento de las sanciones.
Pese a la lamentable situación económica y las perspectivas de agravamiento, el régimen absolutista —liderado por el emir y líder supremo, el clérigo Haibatulá Ajundzadá, y el primer ministro Mohamnad Hassan Akhun— se muestra optimista.
Su rostro y su cuerpo deben permanecer cubiertos, y no pueden hablar en espacios públicos. Foto:AFP
En las semanas previas a los festejos por los cinco años del II Emirato, el portavoz del Gobierno, Zabidulá Mujahid, sacó pecho ante los periodistas por los contactos con gobiernos vecinos y países occidentales. “Buscamos establecer pronto relaciones diplomáticas con todas las naciones”, dijo sonriente.
El régimen confía en que las sanciones económicas irán quedando atrás y que, con la ayuda de China, la explotación minera se disparará y garantizará importantes ingresos. Para ellos, es cuestión de tiempo. La paciencia de los talibanes los llevó a derrotar la invasión soviética de los años 80 del siglo pasado, y la de Estados Unidos y sus aliados, en este siglo. Como explicaba Jacques Follorou este fin de semana en el diario parisino Le Monde, “cuando combatían a las fuerzas estadounidenses y de la Otán, los talibanes solían recordar a sus interlocutores que sus enemigos tenían “los relojes” —es decir, la tecnología—, pero que ellos disponían de un arma superior: “el tiempo”.
MAURICIO VARGAS LINARES
Especial para EL TIEMPO – mvargaslina@hotmail – IG: @mvargaslinares
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